Desde entonces, todo lo que hago es desde el agradecimiento.
Cada masaje, formación, persona a la que acompaño, cada palabra, todo, es mi forma de honrar la vida que un día me sostuvo cuando yo ya no podía sostenerme sola.
Lo que la vida me regaló hoy lo comparto con quienes llegan a mí.
Y, cada vez que lo comparto, la vida vuelve a atravesarme.
Quizá por eso sigo confiando profundamente en el ser humano.
Porque sé que, incluso en la noche más oscura, la vida nunca deja de buscar una rendija por la que volver a florecer.


